YAAAAAAAAAAAAY!
Muchas gracias a todos los que habéis votado la encuesta; el Viernes ha ganado :3 Pero os informo de que no subiré si pasa lo mismo que en el capítulo anterior...más de 30 votos en lo de "me gusta" y después cinco comentarios...jobar, me deprimo porque los comentarios bajan muchísimo y no sé el motivo. Sé que comentar da pereza pero jo, vais a tener una semana entera para entrar y poner algo...porfaplease.
Este capítulo es la misma situación pero desde el POV de Dougie. Alguien lo sugirió y me pareció buena idea, así que espero que os guste :3
Después de un buen rato aburrido en el avión, aterricé en París.
Una parte de mí estaba aterrorizada, nunca había estado en la ciudad y mi orientación no podía considerarse buena, por lo que la idea de quedarme en el aeropuerto hasta que me echaran era bastante apetecible.
Por otra parte estaba el motivo de mi viaje: Cassie.
Hacía más de una semana que no la veía y la echaba muchísimo de menos. Supongo que eso fue lo que me empujó a hacer la locura y sacar mi billete a París.
Tom y ella volvían hoy a casa, pero mi propósito era demostrarle que lo que le dije aquel día era totalmente cierto y verdadero, que me gustaría estar con ella y sobre todo, ayudarla.
Si todo salía como tenía en mente, podríamos pasar un bonito fin de semana en la ciudad de los tortolitos.
Me monté en un taxi que me llevó al hotel donde estaban alojados, cogí mis maletas y entré quedándome asombrado por la inmensidad del edificio.
Pero más asombrado me quedé cuando miré hacia delante y ahí, enfrente de mis narices, vi una escena que me pareció imposible: Cassie y Tom besándose. Besándose felices...¿enamorados? No, tenía que estar soñando...
Mis brazos aflojaron y las maletas cayeron al suelo, lo que hizo que ambos se giraran a mirar qué había pasado y se encontraran conmigo y mi probable cara de subnormal profundo. ¿Qué estaba pasando, ahora estaban juntos? ¿Así, sin más?
- Vo-vo-vosotros...
- Mierda... - susurró Tom llevándose las manos a la cabeza.
- Dougie, no...
- Si vas a decir que no es lo que parece, déjalo. - respondí - Me alegro por vosotros.
No quise decir nada más, me horripilaba la simple idea de permanecer otro minuto con ellos. Cogí mis maletas y me fui a pedir las llaves de mi habitación.
Mientras las puertas del ascensor se cerraban, pude ver a Tom preguntando a la recepcionista, probablemente quería saber en qué número me hospedaba.
Entré descargando toda mi furia en un portazo y eché el pestillo, no quería que nadie me molestara.
Me tiré en la cama y analicé todo lo que había visto; por más que lo pensaba no podía creerlo...
- Tom y Cassie... - susurré - Mi mejor amigo y ella...genial Dougie, eres genial.
Pegué un pequeño grito contra la almohada y contuve las lágrimas.
No quería llorar, no merecía la pena. Había sido un gilipollas pensando que una chica tan perfecta como Cassie se fijaría en mí teniendo a personas como Tom a su lado. De alguna forma me lo esperaba, aunque...
- ¡Joder! ¡Me dijo que me quería!
La frustración era cada vez más grande.
El día que decidí contarle lo que sentía ella me dijo que sentía algo por mí, que no quería ser simplemente mi amiga...sólo tenía que demostrarle que estaba ahí, que no la iba a abandonar por nada del mundo.
Y yo, como un completo estúpido, mandé a la mierda todos mis ahorros para que Cassie viera lo mucho que me importa. ¿Todo para qué? Para verla besándose con mi mejor amigo.
Nunca había tenido suerte con las chicas, eso de ir con tres tíos mucho más fuertes y extrovertidos que tú no ayudaba lo más mínimo.
Danny y Harry ligaban con facilidad, tenían la enorme capacidad de hacer reír a cualquier chica en dos segundos; y Tom, aunque era un poco cortado, siempre terminaba gustándole a alguna. Después estaba yo, el pequeño Dougie al que nadie comprendía; el que hablaba de vez en cuando.
Seguía aplastando con fuerza la almohada cuando escuché que llamaban a la puerta.
Estaba más que claro quién era, pero no quería ver a Tom en ese momento. Necesitaba procesar la información, asumir lo gilipollas que era y si eso, podríamos hablar.
- Dougie, abre por favor. - suplicó - Tengo que explicártelo.
No moví ni un músculo.
Después de todo, ¿tenía que ser amable y abrirle? Venga ya.
- Dame cinco minutos. Si no te convenzo me voy y no vuelvo a molestarte.
Sabía perfectamente que terminaría abriéndole, por lo que no quise demorarlo más y dejé que pasara.
Me senté a lo indio y evité mirarlo a los ojos. Lo último que me apetecía era ver la cara de culpable que tendría mi amigo en aquel momento.
- ¿Po-podemos hablar? - me preguntó.
- Haz lo que quieras.
- No estaba planeado. - comenzó frotándose las manos - No sabía que pasaría...
- Pero ha pasado.
- Lo sé, y lo siento. De verdad que lo siento porque sé que Cassie te gusta. - continuó - Es sólo que, estos días nos hemos unido muchísimo, y ella...joder, es maravillosa.
Tosí un poco por hacer algo y así evitar gritarle a los cuatro vientos que no hablara de ella, que me dejara en paz y que no quería ver a ninguno de los dos en un largo periodo de tiempo.
Al ver que no decía nada, Tom siguió hablando.
- Me alejaré si vernos juntos te hace daño. - buscó mi mirada - No podría estar completamente feliz si sé que tú lo estás pasando mal.
¿Y ahora qué le decía?
La sinceridad de mi amigo había hecho que todo el cabreo se fuera de golpe. Lo peor de todo es que tenía la felicidad en mis manos; podía hacer que no estuvieran juntos...pero no era capaz.
- No seas idiota. Estoy bien, simplemente me ha sorprendido. - le mentí - Nunca os vi como algo más que amigos.
- Yo tampoco, pero...
- La magia de París. - reí amargamente - Enserio Tom, no hay problema. Me alegro por vosotros, seguro que os va genial.
Sonrió agradecido y me dio un gran abrazo que casi me tira al suelo.
Yo se lo devolví riendo y pensé que en cualquier momento vendrían a darme un premio por ser el mejor actor del mundo.
- Vamos a decírselo a Cassie, debe estar preocupada. - asentí - Oye Doug, ¿y por qué has venido?
- Tonterías. Me dabais envidia, ya sabes.
Volvió a reír revolviéndome el pelo y salimos en busca de Cassie.
Sabía que con ella iba a ser mucho más complicado fingir, así que me fui preparando todo un repertorio de frases convincentes por el camino.
Estuvimos diez minutos aporreando la puerta porque el pestillo estaba echado y nadie nos abría.
Se me pasaron un montón de locuras por la cabeza, Cassie era muy impulsiva y me daba miedo que hubiera hecho alguna tontería. Ese sentimiento se fue cuando abrió la puerta adormilada y rascándose la cabeza.
- Pensamos que te había pasado algo. - dijo Tom - No abrías.
- Lo siento, me quedé dormida.
- ¿Y para qué echas el pestillo? - hablé yo.
Se encogió de hombros y nos dejó pasar.
Cada uno se puso en un lado y esperé a que Tom comenzara, todos mis discursos se habían ido a la mierda.
- Hemos estado hablando. - comentó él - Dougie se alegra por nosotros...
- Sí, es guay eso de que seáis novios. Simplemente no me lo esperaba.
- B-bueno, yo...
- Creo que es mejor que habléis vosotros. - se levantó Tom - Doug ya me ha contado todo a mí, así que...
- Está bien.
Me alegré de que nos dejara a solas, quería que ella creyera lo mismo que mi amigo y que ninguno de los dos se sintiera mal; el problema vino cuando Tom la besó antes de irse de la habitación y la sangre se me subió a la cabeza.
- ¿Qué...qué haces aquí? - preguntó sin mirarme.
- Sólo había venido a verte. A demostrarte que me gustas de verdad, que no estaba equivocado ni nada por el estilo, que lo que siento es real. - hice una pausa - No imaginaba encontrarme ésto.
Sí, lo había hecho. Se lo había dicho así, sin más, sin pensar en las consecuencias.
Volvía a estar dolido y cabreado, lo único que quería en esos momentos era que viera el daño que me estaba haciendo.
- Lo siento, lo siento mucho Dougie.
- No tienes por qué. Era imposible que te fijaras en mí, ¿no? - se hizo un gran silencio - Aunque podías no haberme mentido.
- No lo hice.
- ¡Me dijiste que me querías como algo más que amigo y estás aquí morreándote con Tom!
Exploté y ella se quedó callada, probablemente sabía que yo llevaba razón.
Podía hacer lo que quisiera con su vida, estar con Tom, con Danny, con Harry o con Leonardo DiCaprio, pero no podía tener la cara de decirme que no me había mentido. Eso no.
- Lo único que te pido es que esta conversación quede entre nosotros. - me levanté, quería irme de allí - Tom piensa que he venido porque me daba envidia que estuvierais aquí cuando yo nunca había venido.
- Pero él sabe que tú...bueno, que yo te...
- Sí, sabe que me gustas, pero le he convencido y piensa que soy un gran amigo porque vuestra relación me hace feliz.
- ¿Te vuelves con nosotros? - preguntó insegura.
- Prefiero quedarme aquí unos días. Por lo menos aprovecharé el viaje, no me ha salido gratis. - contesté muy serio - Que os vaya bien.
La miré un segundo más y salí de la habitación sin dejar que dijera nada.
Lo cierto era que no me apetecía lo más mínimo quedarme en París solo y teniendo las imágenes de los besos entre ellos en mi cabeza, pero me negaba a volver a casa. Tendría que fingir con los demás, tragarme los comentarios y desahogarme con mi almohada.
Me quedaría unos días y a ver qué pasaba...quizás me salpicara un poco de suerte, quién sabe...
lunes, 27 de febrero de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
Capítulo veintisiete.
Es increíble, pero estoy aquí...ohsíbabes.
He pensado que voy a hacer como mi amada Eva (leed su fic, es una pasada) y subiré un día de la semana. Ahora pondré la típica encuesta de gilipollas para ver cuál preferís...pero probablemente sea el Sábado o Domingo. (Y probablemente termine sin hacerlo...xDDDDDDDD)
Capítulo al canto, espero que os guste. (Es triste, aviso)
PD: Subiré dependiendo de los comentarios...*juego al chantaje*
Corrí hacia el baño y me senté en el suelo apoyada en la puerta.
¿Por qué nunca hacía lo correcto? De hecho, ¿qué era lo correcto? Quería estar con Tom, me gustaba...era mi mejor amigo, la persona que más sabía de mí y mejor me comprendía. Fue el primero en saber mi problema y en intentar solucionarlo...mi verdadero apoyo.
Y después estaba Dougie, el chico raro que me causó escalofríos y que terminó convirtiéndose en un amigo importante.
En una de nuestras últimas conversaciones, le confesé que le quería y no sólo como amigo, y no estaba mintiendo. Me sentía atraída por él, por las cosas que teníamos en común, por quién era cuando estaba conmigo. Pero el viaje había cambiado tanto las cosas...
Empecé a respirar con dificultad por culpa de las lágrimas, pero eso no impidió que siguieran cayendo.
Las ganas de hacer eso cada vez eran más grandes y sentía que no iba a poder controlarlo.
- No puedo...otra vez no... - me susurré.
Ignorando mis pensamientos y siguiendo los impulsos, comencé a buscar algo que cortase por todos los cajones. El problema es que no había nada. Ni una triste cuchilla de afeitar...
No me rendí, necesitaba e iba a hacerlo.
Salí en busca de mi neceser y lo volqué todo encima de la cama: lápices de ojos, polvos, toallitas, cepillo de dientes...¡y vualá! Un sacapuntas, exactamente lo que me hacía falta.
Estuve más de quince minutos haciendo experimentos, pero al final conseguí sacar la pequeña cuchilla.
La cogí con miedo y noté cómo mis manos empezaban a temblar. Hacía tantísimo tiempo que había superado eso...y ahora volvía a atormentarme de nuevo.
Flashback
3º de ESO. Tenía catorce años y me encontraba en el recreo de un deseado viernes. Ese día Sam no había venido a clase, estaba bastante enferma aunque aún no sabíamos de qué.
Iba caminando por los pasillos en busca de algún hueco vacío en el que sentarme a tomar mi manzana cuando un grupo de chicos se acercó a mí riendo:
- Eh Cassie, ¿dónde vas con esa manzana? ¿Por fin te has dado cuenta de que estás gorda y quieres arreglar el estropicio?
- Siento decirte que eso es imposible. - dijo otro - Seguirás siendo gorda siempre.
No sabía qué decir. No era la primera vez que pasaba, pero sin Sam a mi lado me sentía mucho más vulnerable y aquello me estaba doliendo demasiado.
- Vámonos anda, dejemos que se tome su manzana sola. - rieron - Ilusa...
Ni si quiera les dio tiempo a dar más de cuatro pasos cuando mis lágrimas comenzaron a salir.
Intentaba contenerlas, pero aquellas palabras resonaban en mi cabeza y se me hacía imposible: gorda gorda gorda.
Tiré la manzana y pedí que llamaran a mis padres con la excusa de que no me encontraba bien, necesitaba irme a casa.
Tardaron un poco en llegar, pero a cuarta hora yo ya no estaba encerrada en esa cárcel, sino que me encontraba sola en casa, como siempre.
Me metí en mi cuarto, quería dormir y olvidar todo lo ocurrido, olvidarlo para siempre y así pasar un fin de semana lo más tranquila posible. Pero sabía que eso era imposible.
Cerraba los ojos y las risas de aquellos chicos estaban ahí, torturándome. ¿Acaso no pensaban dejarme nunca en paz?
Me levanté a los pocos segundos de haberme echado porque las lágrimas empezaban a salir con fuerza.
Andaba de un lado a otro llorando y sintiéndome la última mierda del mundo. No había nada ni nadie que estuviera orgulloso de mí, nadie a quien le agradara mi presencia o le gustara...Sam era mi única y verdadera amiga, pero ella no estaba en condiciones en ese momento.
No sé cómo ni por qué, pero la idea de hacerme daño vino a mi cabeza.
Quizás sin sentía el dolor en mi piel podría sentirme mejor, más libre. Y así hice, busqué entre los cajones de mi padre y le quité una de sus cuchillas.
No tenía ni idea de cómo hacerlo, me daba miedo cagarla y que todo fuera más allá. Sólo quería hacerme daño, no quería acabar con mi vida ni nada por el estilo.
Al final lo conseguí, aunque los cortes no fueron para nada profundos. La cosa es que después vinieron muchos más...
Fin Flashback
Por mi mente pasaban esas imágenes en las que me hería a mí misma, en las que me destrozaba.
Sabía que lo que estaba haciendo no era lo correcto, pero hacerlo era lo único que me tranquilizaba cuando las cosas se ponían demasiado descontroladas.
Supongo que era una manera de demostrar la vergüenza que sentía de mí misma, de mi cuerpo, de todo eso que los demás criticaban.
Con la ayuda de Sam conseguí pararlo, digamos que encontré otra manera de hacerme daño y esa era mucho más fácil de esconder y disimular.
Pero lo iba a hacer otra vez, lo iba a hacer de nuevo a pesar de lo asustada que estaba.
Mis emociones eran tan fuertes; la indignación que sentía al saber que estaba dañando a Dougie, el miedo de que Tom me dejara y la poca confianza que tenía en mí misma, me hicieron pensar que la única manera de satisfascerme un poco era esa.
Subí la manga de mi camiseta y coloqué la cuchilla a una altura considerada. No quería que nadie se enterara, ninguno de los chicos, y mucho menos mi hermano podía enterarse de que estaba cortándome de nuevo.
Cuando descargué todo el dolor en mis muñecas, noté cómo el pequeño escozor iba aumentando.
Gotas de sangre caían por mi brazo izquierdo a la misma vez que lo hacían mis lágrimas.
Por suerte o por desgracia sabía cómo funcionaba todo esto: cuando me tranquilizara un poco y parara de llorar, me sentiría algo mejor y podría irme a dormir. Lo único que tenía que hacer era esconder las marcas, nada más.
Salí del baño y me acosté de nuevo, esta vez mucho más sosegada.
Toqué los cortes, mi piel estaba roja y de vez en cuando venía un dolor punzante, pero era soportable. Además me sentía mucho mejor, lo que en parte me daba miedo, porque significaba que volvería a hacerlo.
And all I want to do,
all I want to do,
is lie down and...
crash, fall down.
***
Escuché fuertes golpes en la puerta y me desperté extrañada.
Miré el reloj, había estado casi dos horas durmiendo y no me había acordado de que la puerta estaba cerrada con pestiño, por lo que Tom no podría abrir.
- ¡CASSIE! ¿Estás bien? - efectivamente era él.
- ¡Ya voy!
Recogí todo lo que había tirado horas antes y bajé mi manga agarrándolas bien.
Cuando abrí la puerta me encontré con dos rubios bastante preocupados, se les notaba en la cara. No sabía si se habían reconciliado o simplemente fingían, pero soltaron un gran suspiro aliviado cuando me vieron sana y salva.
- Pensamos que te había pasado algo. - dijo Tom - No abrías.
- Lo siento, me quedé dormida.
- ¿Y para qué echas el pestillo? - habló Dougie esta vez.
No supe qué responder, así que me limité a encogerme de hombros. No podía decirles la verdad y mi cabeza no estaba como para inventar excusas.
Lo miré a los ojos buscando algo que me dejara saber lo que sentía, pero no había nada.
Ambos pasaron y se sentaron en el sofá sin decir palabra.
Tom me miró para que me sentara y Dougie comenzó a frotarse las manos. Supuse que era el momento de hablar y aclararlo todo.
- Hemos estado hablando. - comentó el mayor - Dougie se alegra por nosotros...
- Sí, es guay eso de que seáis novios. Simplemente no me lo esperaba.
- B-bueno, yo...
¿Novios? Nos habíamos besado y antes de que él llegara todo era perfecto, pero en ningún momento habíamos dicho que estuviéramos juntos por mucho que quisiéramos...
- Creo que es mejor que habléis vosotros. - se levantó Tom - Doug ya me ha contado todo a mí, así que...
- Está bien.
Le sonreí tímidamente y se fue, no sin antes darme un beso.
No sabía qué era lo que habían hablado, pero Tom estaba notablemente feliz, y eso era algo que no cuadraba en mi cabeza.
- ¿Qué...qué haces aquí? - pregunté sin mirarlo.
- Sólo había venido a verte. A demostrarte que me gustas de verdad, que no estaba equivocado ni nada por el estilo, que lo que siento es real. - hizo una pausa - No imaginaba encontrarme ésto.
Mi sentimiento de culpa volvió.
¿Había venido hasta París sólo por mí? ¿Sólo para demostrarme que estaba realmente interesado? Dougie era increíble y yo le había pagado de la peor manera posible.
- Lo siento, lo siento mucho Dougie.
- No tienes por qué. Era imposible que te fijaras en mí, ¿no? - se hizo un gran silencio - Aunque podías no haberme mentido.
- No lo hice.
- ¡Me dijiste que me querías como algo más que amigo y estás aquí morreándote con Tom!
Me callé, no tenía nada que decir y...sí, Dougie estaba diciendo toda la verdad.
Por mucho que yo no le mintiera en ese momento, ahora le había traicionado, le había hecho daño y eso no se arreglaba con un simple lo siento.
- Lo único que te pido es que esta conversación quede entre nosotros. - me dijo levantándose - Tom piensa que he venido porque me daba envidia que estuvierais aquí cuando yo nunca había venido.
- Pero él sabe que tú...bueno, que yo te...
- Sí, sabe que me gustas, pero le he convencido y piensa que soy un gran amigo porque vuestra relación me hace feliz.
- ¿Te vuelves con nosotros? - pregunté temiendo la respuesta.
- Prefiero quedarme aquí unos días. Por lo menos aprovecharé el viaje, no me ha salido gratis. - contestó muy serio - Que os vaya bien.
Se fue echándome una última mirada llena de rencor y decepción.
Estaba claro que le había hecho daño, y mucho. Había roto sus esquemas y para colmo, no había sido capaz de pedirle que se quedara, que yo lo quería en mi vida, aunque fuera como amigo...
Una vez más, había metido la pata hasta el fondo.
He pensado que voy a hacer como mi amada Eva (leed su fic, es una pasada) y subiré un día de la semana. Ahora pondré la típica encuesta de gilipollas para ver cuál preferís...pero probablemente sea el Sábado o Domingo. (Y probablemente termine sin hacerlo...xDDDDDDDD)
Capítulo al canto, espero que os guste. (Es triste, aviso)
PD: Subiré dependiendo de los comentarios...*juego al chantaje*
Corrí hacia el baño y me senté en el suelo apoyada en la puerta.
¿Por qué nunca hacía lo correcto? De hecho, ¿qué era lo correcto? Quería estar con Tom, me gustaba...era mi mejor amigo, la persona que más sabía de mí y mejor me comprendía. Fue el primero en saber mi problema y en intentar solucionarlo...mi verdadero apoyo.
Y después estaba Dougie, el chico raro que me causó escalofríos y que terminó convirtiéndose en un amigo importante.
En una de nuestras últimas conversaciones, le confesé que le quería y no sólo como amigo, y no estaba mintiendo. Me sentía atraída por él, por las cosas que teníamos en común, por quién era cuando estaba conmigo. Pero el viaje había cambiado tanto las cosas...
Empecé a respirar con dificultad por culpa de las lágrimas, pero eso no impidió que siguieran cayendo.
Las ganas de hacer eso cada vez eran más grandes y sentía que no iba a poder controlarlo.
- No puedo...otra vez no... - me susurré.
Ignorando mis pensamientos y siguiendo los impulsos, comencé a buscar algo que cortase por todos los cajones. El problema es que no había nada. Ni una triste cuchilla de afeitar...
No me rendí, necesitaba e iba a hacerlo.
Salí en busca de mi neceser y lo volqué todo encima de la cama: lápices de ojos, polvos, toallitas, cepillo de dientes...¡y vualá! Un sacapuntas, exactamente lo que me hacía falta.
Estuve más de quince minutos haciendo experimentos, pero al final conseguí sacar la pequeña cuchilla.
La cogí con miedo y noté cómo mis manos empezaban a temblar. Hacía tantísimo tiempo que había superado eso...y ahora volvía a atormentarme de nuevo.
Flashback
3º de ESO. Tenía catorce años y me encontraba en el recreo de un deseado viernes. Ese día Sam no había venido a clase, estaba bastante enferma aunque aún no sabíamos de qué.
Iba caminando por los pasillos en busca de algún hueco vacío en el que sentarme a tomar mi manzana cuando un grupo de chicos se acercó a mí riendo:
- Eh Cassie, ¿dónde vas con esa manzana? ¿Por fin te has dado cuenta de que estás gorda y quieres arreglar el estropicio?
- Siento decirte que eso es imposible. - dijo otro - Seguirás siendo gorda siempre.
No sabía qué decir. No era la primera vez que pasaba, pero sin Sam a mi lado me sentía mucho más vulnerable y aquello me estaba doliendo demasiado.
- Vámonos anda, dejemos que se tome su manzana sola. - rieron - Ilusa...
Ni si quiera les dio tiempo a dar más de cuatro pasos cuando mis lágrimas comenzaron a salir.
Intentaba contenerlas, pero aquellas palabras resonaban en mi cabeza y se me hacía imposible: gorda gorda gorda.
Tiré la manzana y pedí que llamaran a mis padres con la excusa de que no me encontraba bien, necesitaba irme a casa.
Tardaron un poco en llegar, pero a cuarta hora yo ya no estaba encerrada en esa cárcel, sino que me encontraba sola en casa, como siempre.
Me metí en mi cuarto, quería dormir y olvidar todo lo ocurrido, olvidarlo para siempre y así pasar un fin de semana lo más tranquila posible. Pero sabía que eso era imposible.
Cerraba los ojos y las risas de aquellos chicos estaban ahí, torturándome. ¿Acaso no pensaban dejarme nunca en paz?
Me levanté a los pocos segundos de haberme echado porque las lágrimas empezaban a salir con fuerza.
Andaba de un lado a otro llorando y sintiéndome la última mierda del mundo. No había nada ni nadie que estuviera orgulloso de mí, nadie a quien le agradara mi presencia o le gustara...Sam era mi única y verdadera amiga, pero ella no estaba en condiciones en ese momento.
No sé cómo ni por qué, pero la idea de hacerme daño vino a mi cabeza.
Quizás sin sentía el dolor en mi piel podría sentirme mejor, más libre. Y así hice, busqué entre los cajones de mi padre y le quité una de sus cuchillas.
No tenía ni idea de cómo hacerlo, me daba miedo cagarla y que todo fuera más allá. Sólo quería hacerme daño, no quería acabar con mi vida ni nada por el estilo.
Al final lo conseguí, aunque los cortes no fueron para nada profundos. La cosa es que después vinieron muchos más...
Fin Flashback
Por mi mente pasaban esas imágenes en las que me hería a mí misma, en las que me destrozaba.
Sabía que lo que estaba haciendo no era lo correcto, pero hacerlo era lo único que me tranquilizaba cuando las cosas se ponían demasiado descontroladas.
Supongo que era una manera de demostrar la vergüenza que sentía de mí misma, de mi cuerpo, de todo eso que los demás criticaban.
Con la ayuda de Sam conseguí pararlo, digamos que encontré otra manera de hacerme daño y esa era mucho más fácil de esconder y disimular.
Pero lo iba a hacer otra vez, lo iba a hacer de nuevo a pesar de lo asustada que estaba.
Mis emociones eran tan fuertes; la indignación que sentía al saber que estaba dañando a Dougie, el miedo de que Tom me dejara y la poca confianza que tenía en mí misma, me hicieron pensar que la única manera de satisfascerme un poco era esa.
Subí la manga de mi camiseta y coloqué la cuchilla a una altura considerada. No quería que nadie se enterara, ninguno de los chicos, y mucho menos mi hermano podía enterarse de que estaba cortándome de nuevo.
Cuando descargué todo el dolor en mis muñecas, noté cómo el pequeño escozor iba aumentando.
Gotas de sangre caían por mi brazo izquierdo a la misma vez que lo hacían mis lágrimas.
Por suerte o por desgracia sabía cómo funcionaba todo esto: cuando me tranquilizara un poco y parara de llorar, me sentiría algo mejor y podría irme a dormir. Lo único que tenía que hacer era esconder las marcas, nada más.
Salí del baño y me acosté de nuevo, esta vez mucho más sosegada.
Toqué los cortes, mi piel estaba roja y de vez en cuando venía un dolor punzante, pero era soportable. Además me sentía mucho mejor, lo que en parte me daba miedo, porque significaba que volvería a hacerlo.
And all I want to do,
all I want to do,
is lie down and...
crash, fall down.
***
Escuché fuertes golpes en la puerta y me desperté extrañada.
Miré el reloj, había estado casi dos horas durmiendo y no me había acordado de que la puerta estaba cerrada con pestiño, por lo que Tom no podría abrir.
- ¡CASSIE! ¿Estás bien? - efectivamente era él.
- ¡Ya voy!
Recogí todo lo que había tirado horas antes y bajé mi manga agarrándolas bien.
Cuando abrí la puerta me encontré con dos rubios bastante preocupados, se les notaba en la cara. No sabía si se habían reconciliado o simplemente fingían, pero soltaron un gran suspiro aliviado cuando me vieron sana y salva.
- Pensamos que te había pasado algo. - dijo Tom - No abrías.
- Lo siento, me quedé dormida.
- ¿Y para qué echas el pestillo? - habló Dougie esta vez.
No supe qué responder, así que me limité a encogerme de hombros. No podía decirles la verdad y mi cabeza no estaba como para inventar excusas.
Lo miré a los ojos buscando algo que me dejara saber lo que sentía, pero no había nada.
Ambos pasaron y se sentaron en el sofá sin decir palabra.
Tom me miró para que me sentara y Dougie comenzó a frotarse las manos. Supuse que era el momento de hablar y aclararlo todo.
- Hemos estado hablando. - comentó el mayor - Dougie se alegra por nosotros...
- Sí, es guay eso de que seáis novios. Simplemente no me lo esperaba.
- B-bueno, yo...
¿Novios? Nos habíamos besado y antes de que él llegara todo era perfecto, pero en ningún momento habíamos dicho que estuviéramos juntos por mucho que quisiéramos...
- Creo que es mejor que habléis vosotros. - se levantó Tom - Doug ya me ha contado todo a mí, así que...
- Está bien.
Le sonreí tímidamente y se fue, no sin antes darme un beso.
No sabía qué era lo que habían hablado, pero Tom estaba notablemente feliz, y eso era algo que no cuadraba en mi cabeza.
- ¿Qué...qué haces aquí? - pregunté sin mirarlo.
- Sólo había venido a verte. A demostrarte que me gustas de verdad, que no estaba equivocado ni nada por el estilo, que lo que siento es real. - hizo una pausa - No imaginaba encontrarme ésto.
Mi sentimiento de culpa volvió.
¿Había venido hasta París sólo por mí? ¿Sólo para demostrarme que estaba realmente interesado? Dougie era increíble y yo le había pagado de la peor manera posible.
- Lo siento, lo siento mucho Dougie.
- No tienes por qué. Era imposible que te fijaras en mí, ¿no? - se hizo un gran silencio - Aunque podías no haberme mentido.
- No lo hice.
- ¡Me dijiste que me querías como algo más que amigo y estás aquí morreándote con Tom!
Me callé, no tenía nada que decir y...sí, Dougie estaba diciendo toda la verdad.
Por mucho que yo no le mintiera en ese momento, ahora le había traicionado, le había hecho daño y eso no se arreglaba con un simple lo siento.
- Lo único que te pido es que esta conversación quede entre nosotros. - me dijo levantándose - Tom piensa que he venido porque me daba envidia que estuvierais aquí cuando yo nunca había venido.
- Pero él sabe que tú...bueno, que yo te...
- Sí, sabe que me gustas, pero le he convencido y piensa que soy un gran amigo porque vuestra relación me hace feliz.
- ¿Te vuelves con nosotros? - pregunté temiendo la respuesta.
- Prefiero quedarme aquí unos días. Por lo menos aprovecharé el viaje, no me ha salido gratis. - contestó muy serio - Que os vaya bien.
Se fue echándome una última mirada llena de rencor y decepción.
Estaba claro que le había hecho daño, y mucho. Había roto sus esquemas y para colmo, no había sido capaz de pedirle que se quedara, que yo lo quería en mi vida, aunque fuera como amigo...
Una vez más, había metido la pata hasta el fondo.
martes, 14 de febrero de 2012
Capítulo veintiséis.
Sí, estoy aquí, no es un espejismo ni nada por el estilo.
Ya disculparme es estúpido, ¿cierto? La verdad es que me pongo a escribir y...bueno, como que no me sale. Por diversos motivos me cuesta mucho escribir los capítulos...pero como ya dije no pienso dejar la historia, don't worry. Si seguís leyendo, muchas muchas gracias, de verdad. <3
PD: Los comentarios me hacen muy feliz :')
¡Pínchame, soy un enlace cuqui!
No hacía más que pensarlo: ¿Yo, con Tom, con mi mejor amigo? En parte creí que había sido una simple confusión, como se suele decir, "la magia del momento"...pero, ¿a quién quería engañar? Me apetecía besarlo, sí. Quería saber qué se sentía cuando alguien que realmente te quiere decide compartir un beso contigo; quería saber si ese momento era real...si Tom lo era.
- Oye Cass...me voy a dar una ducha. ¿Podemos hablar luego?
Me limité a asentir y me senté en la cama a esperar como una idiota.
No quería hacerle daño a nadie, y menos a personas como Tom o Dougie, que se habían convertido en mis dos mejores amigos en poco tiempo. Lo peor de todo es que nunca había estado en una situación parecida, nunca había tenido a un chico que me quisiera y estuviera dispuesto a luchar por mí o esperando ser correspondido. Era de locos.
Ni si quiera me había dado tiempo a reaccionar cuando tenía a Tom justo al lado, esperando a que comenzara la conversación o a que un ángel caído del cielo nos explicara el por qué de todo aquello.
- Mira, yo... - empezó - No sé por qué...es que, jobar, ni si quiera...
- Tom, no te entiendo. Respira y vuelve a empezar, anda.
Él sonrió nervioso y de forma automática le cogí de la mano.
No pretendía provocar nada, sólo quería transmitirle confianza, dejarle ver que yo estaba igual de perdida y que para mí no había sido un error.
- No tenía pensado algo así, ni si quiera me lo habría planteado esta mañana. - dijo más tranquilo - Puede que fuera el momento, la ilusión, el gran día que hemos compartido...
- En-entonces...si hubiera pasado, ¿te habrías arrepentido?
- ¡No! Quiero decir, no... - repitió en un tono más bajo - Yo...bueno, quería besarte. No entiendo por qué y no quiero que me odies por ello, de verdad que no pretendía chafar este viaje ni liarte más la cabeza.
- Eh, no te preocupes...te recuerdo que yo no he puesto impedimento. - me sonrojé - ¿Qué crees que hubiera pasado si Dougie no hubiera llamado?
Se quedó en silencio y bajó la mirada.
Sujetó mi mano mucho más fuerte, como si no quisiera que me separase nunca, como si quisiera congelar ese momento. Empezó a acariciar mis dedos poco a poco, no decía nada, lo único que conseguía era ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
- ¿Tom? - susurré.
Siguió callado, pero esta vez buscó mis ojos y me regaló una mirada color café llena de brillo.
No sabía lo que iba a hacer, pero sí estaba segura de lo que quería que hiciera. Por segunda vez en el día, quería que Tom me besara, que me hiciera sentir especial.
- Quizás estamos confundiendo sentimientos.
- No. - respondí rápidamente - Bueno, no sé...quizás.
- Pero...¿tú qui-qu-quieres que pase?
- Responder es estúpido...
Se lo tomó como un sí, ya que se sonrojó y apretó mi mano con fuerza.
Cogí aire y cerré los ojos cuando pude sentir su aliento lo suficientemente cerca. Iba a pasar, esta vez no había nada que pudiera interrumpirlo...
- Por favor, si no quieres que lo haga, dilo ahora. - me susurró.
Dudé unos segundos, por un momento la voz de mi cabeza me gritó que no lo hiciera, que no iba a causar nada más que problemas. Pero llevaba demasiado tiempo escuchando esa voz e ignorando lo que realmente quería, que en ese momento era besar a Tom.
Asentí casi sin que se notara y me acerqué un poco más, lo que provocó un suave roce. Ese simple acercamiento hizo que miles de sensaciones explotaran dentro de mí, y el momento en el que nuestros labios se unieron, creí que se me saldría el corazón.
No fue un beso brusco, fue lo más dulce que podría haber imaginado nunca.
Podía sentir todo su cariño, todas sus emociones...estaba descubriendo el interior de Tom poco a poco y eso me fascinaba.
- Ha...estado bien, ¿no? - preguntó al separarnos.
- Ajá.
No me atreví a decir nada a más, estaba terriblemente avergonzada.
No de lo que había pasado, sino del hecho de que no tenía experiencia y él seguramente había estado con muchas chicas anteriormente.
- Eh, ¿pasa algo?
- No, claro que no. - respondí sonriendo.
- No sé qué pensarás, pero...para mí ha sido especial.
- Para mí también.
Ninguno de los dos dijo nada más, nos limitamos a tirarnos en la cama con la mirada fijada en el techo mientras nuestras manos seguían unidas. Supongo que lo que sentí en ese momento es a lo que la gente llama "felicidad".
Me desperté al día siguiente totalmente vestida, al parecer nos habíamos quedado dormidos, pero Tom no estaba allí.
Lo llamé varias veces, y al ver que no daba señales de vida decidí darme una ducha y luego llamar o ir a buscarlo.
- ¿Eres consciente de que has besado a Tom? - me pregunté mirándome al espejo - Wow...y encima te estás mirando, pareces progresar.
Me reí al ver que hablaba sola y sin tapar el espejo, me di una ducha larga y tranquila.
De alguna manera ese tiempo con Tom y lo ocurrido la pasada noche me habían dado confianza y seguridad en mí misma. Si le había gustado a un chico como él, ¿por qué no empezar a quererme yo?
Tras vestirme, peinarme y comprobar que mi amigo seguía perdido, decidí buscarlo en la cafetería.
Entré en aquella enorme parte del hotel y lo vi sentado devorando el desayuno.
- ¡Buenos días! - saludé con una gran sonrisa.
- Siento no haberte avisado, pero estabas dormida y me daba penita...ya sabes, tenías una carita que...no me lo he comido todo, bueno, en realidad sí, casi todo. Puedes comer lo que sea, porque tienes que comer y...
- ¡Tom! - exclamé - Calla, me estás poniendo nerviosa. Me ha quedado claro que tenías hambre y no querías despertarme, tranquilo.
Ambos reímos y bebí de su zumo de naranja mientras él me miraba indignado.
Momentos como ese solían ocurrir desde que nos conocimos, pero para mí significaban algo distinto aquel día. Era como si la conexión que teníamos se hubiera agrandado y nada pudiera romperla.
- ¿Cómo has dormido? - me preguntó.
- Bien, sin mi pijama, pero bien.
- Yo como soy un chico listo pues me lo puse antes...
Le saqué la lengua y siguió desayunando como si fuera el último día de su vida.
Dejando de lado mis problemas con la comida, nunca pude entender a ese tipo de personas que come y come sin cansarse. ¿Acaso no tenían ese límite que no te deja continuar? ¿O la voz que te suplica que pares? Era increíble.
- Y bueno, hoy nos vamos...
- Sí, y he hecho cambio de planes. Se supone que hoy nos tiraríamos en la cama a ver pelis y esas cosas, pero después de lo de anoche... - noté cómo se ponía nervioso - ¿Qué te parece si pasamos el día por la zona de la Torre Eiffel? Ya sabes, podemos hacer un picnic y eso...
- Me encanta la idea.
Cuando terminamos de desayunar, subimos a por las cosas necesarias y en dos minutos ya estábamos listos para nuestro último día en esa preciosa ciudad.
- Cassie. - me llamó Tom antes de salir.
- ¿Sí?
No respondió, agarró mi cintura con sus manos y me besó lentamente.
Aquello me pilló por sorpresa, no me esperaba un beso, y mucho menos en medio del hotel donde todo el mundo podía vernos. Aunque lo cierto es que no me importó lo más mínimo y le correspondí con otro beso más intenso.
Coloqué mis brazos alrededor de su cuello mientras Tom me acercaba un poco más hacia él.
Pensé en lo perfecto que estaba siendo ese momento cuando un gran ruido se escuchó detrás de nosotros. Y en el momento en el que me giré y vi su cara, deseé que la tierra me tragara.
- Vo-vo-vosotros...
- Mierda... - susurró Tom llevándose las manos a la cabeza.
- Dougie, no...
- Si vas a decir no es lo que parece, déjalo. - respondió - Me alegro por vosotros.
Sin pronunciar ni una palabra más, cogió sus maletas (las cuales habían hecho ese ruido al caer) y se dirigió al mostrador para coger las llaves de su habitación.
Quise ir tras él, explicarle lo que había visto...pero estaba paralizada. Además, ¿qué iba a decirle? No tenía excusa, sabía perfectamente lo que estaba haciendo y no pensé en sus sentimientos, me limité a pensar en mí misma.
- ¿Qu-q-qué hace aquí?
- No lo sé, estoy igual que tú. - contestó Tom - Creo que es mejor cancelar nuestra salida...
- ¿Debo ir a hablar con él?
- Mejor voy yo. Quédate por aquí, sal o...no sé, haz lo que te apetezca. Te llamo cuando hablemos.
Asentí apenada y tras un rápido beso, Tom salió disparado para preguntar cuál era la habitación de Dougie.
Estuve más de quince minutos dando vueltas por el hotel, recorriendo cada lugar mientras esperaba una llamada...pero hubo un momento en el que no pude más.
Subí a nuestra habitación, cerré el pestillo para asegurarme de que nadie entrara y me derrumbé.
Quizá no había hecho nada malo, cada uno tiene derecho a querer a quien quiera, pero algo dentro de mí me decía que estaba fallándome a mí misma.
Sin parar de llorar, decidí hacerle caso a Tom: "haz lo que te apetezca".
En ese momento sólo pasó una cosa por mi cabeza; era lo que me apetecía, lo que necesitaba. Después de tanto tiempo, iba a recaer...
PD: NO va a vomitar ni nada de eso. ¿Por qué os lo digo? Porque a lo mejor os dejo con un poco de tensión. xDDDDDDDD
Ya disculparme es estúpido, ¿cierto? La verdad es que me pongo a escribir y...bueno, como que no me sale. Por diversos motivos me cuesta mucho escribir los capítulos...pero como ya dije no pienso dejar la historia, don't worry. Si seguís leyendo, muchas muchas gracias, de verdad. <3
PD: Los comentarios me hacen muy feliz :')
¡Pínchame, soy un enlace cuqui!
Volvimos al hotel en silencio tras ver el espectáculo. Supongo que ambos estábamos avergonzados y ninguno quería admitir lo que hubiera pasado si no llega a ser por esa llamada.
No hacía más que pensarlo: ¿Yo, con Tom, con mi mejor amigo? En parte creí que había sido una simple confusión, como se suele decir, "la magia del momento"...pero, ¿a quién quería engañar? Me apetecía besarlo, sí. Quería saber qué se sentía cuando alguien que realmente te quiere decide compartir un beso contigo; quería saber si ese momento era real...si Tom lo era.
- Oye Cass...me voy a dar una ducha. ¿Podemos hablar luego?
Me limité a asentir y me senté en la cama a esperar como una idiota.
No quería hacerle daño a nadie, y menos a personas como Tom o Dougie, que se habían convertido en mis dos mejores amigos en poco tiempo. Lo peor de todo es que nunca había estado en una situación parecida, nunca había tenido a un chico que me quisiera y estuviera dispuesto a luchar por mí o esperando ser correspondido. Era de locos.
Ni si quiera me había dado tiempo a reaccionar cuando tenía a Tom justo al lado, esperando a que comenzara la conversación o a que un ángel caído del cielo nos explicara el por qué de todo aquello.
- Mira, yo... - empezó - No sé por qué...es que, jobar, ni si quiera...
- Tom, no te entiendo. Respira y vuelve a empezar, anda.
Él sonrió nervioso y de forma automática le cogí de la mano.
No pretendía provocar nada, sólo quería transmitirle confianza, dejarle ver que yo estaba igual de perdida y que para mí no había sido un error.
- No tenía pensado algo así, ni si quiera me lo habría planteado esta mañana. - dijo más tranquilo - Puede que fuera el momento, la ilusión, el gran día que hemos compartido...
- En-entonces...si hubiera pasado, ¿te habrías arrepentido?
- ¡No! Quiero decir, no... - repitió en un tono más bajo - Yo...bueno, quería besarte. No entiendo por qué y no quiero que me odies por ello, de verdad que no pretendía chafar este viaje ni liarte más la cabeza.
- Eh, no te preocupes...te recuerdo que yo no he puesto impedimento. - me sonrojé - ¿Qué crees que hubiera pasado si Dougie no hubiera llamado?
Se quedó en silencio y bajó la mirada.
Sujetó mi mano mucho más fuerte, como si no quisiera que me separase nunca, como si quisiera congelar ese momento. Empezó a acariciar mis dedos poco a poco, no decía nada, lo único que conseguía era ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
- ¿Tom? - susurré.
Siguió callado, pero esta vez buscó mis ojos y me regaló una mirada color café llena de brillo.
No sabía lo que iba a hacer, pero sí estaba segura de lo que quería que hiciera. Por segunda vez en el día, quería que Tom me besara, que me hiciera sentir especial.
- Quizás estamos confundiendo sentimientos.
- No. - respondí rápidamente - Bueno, no sé...quizás.
- Pero...¿tú qui-qu-quieres que pase?
- Responder es estúpido...
Se lo tomó como un sí, ya que se sonrojó y apretó mi mano con fuerza.
Cogí aire y cerré los ojos cuando pude sentir su aliento lo suficientemente cerca. Iba a pasar, esta vez no había nada que pudiera interrumpirlo...
- Por favor, si no quieres que lo haga, dilo ahora. - me susurró.
Dudé unos segundos, por un momento la voz de mi cabeza me gritó que no lo hiciera, que no iba a causar nada más que problemas. Pero llevaba demasiado tiempo escuchando esa voz e ignorando lo que realmente quería, que en ese momento era besar a Tom.
Asentí casi sin que se notara y me acerqué un poco más, lo que provocó un suave roce. Ese simple acercamiento hizo que miles de sensaciones explotaran dentro de mí, y el momento en el que nuestros labios se unieron, creí que se me saldría el corazón.
No fue un beso brusco, fue lo más dulce que podría haber imaginado nunca.
Podía sentir todo su cariño, todas sus emociones...estaba descubriendo el interior de Tom poco a poco y eso me fascinaba.
- Ha...estado bien, ¿no? - preguntó al separarnos.
- Ajá.
No me atreví a decir nada a más, estaba terriblemente avergonzada.
No de lo que había pasado, sino del hecho de que no tenía experiencia y él seguramente había estado con muchas chicas anteriormente.
- Eh, ¿pasa algo?
- No, claro que no. - respondí sonriendo.
- No sé qué pensarás, pero...para mí ha sido especial.
- Para mí también.
Ninguno de los dos dijo nada más, nos limitamos a tirarnos en la cama con la mirada fijada en el techo mientras nuestras manos seguían unidas. Supongo que lo que sentí en ese momento es a lo que la gente llama "felicidad".
Me desperté al día siguiente totalmente vestida, al parecer nos habíamos quedado dormidos, pero Tom no estaba allí.
Lo llamé varias veces, y al ver que no daba señales de vida decidí darme una ducha y luego llamar o ir a buscarlo.
- ¿Eres consciente de que has besado a Tom? - me pregunté mirándome al espejo - Wow...y encima te estás mirando, pareces progresar.
Me reí al ver que hablaba sola y sin tapar el espejo, me di una ducha larga y tranquila.
De alguna manera ese tiempo con Tom y lo ocurrido la pasada noche me habían dado confianza y seguridad en mí misma. Si le había gustado a un chico como él, ¿por qué no empezar a quererme yo?
Tras vestirme, peinarme y comprobar que mi amigo seguía perdido, decidí buscarlo en la cafetería.
Entré en aquella enorme parte del hotel y lo vi sentado devorando el desayuno.
- ¡Buenos días! - saludé con una gran sonrisa.
- Siento no haberte avisado, pero estabas dormida y me daba penita...ya sabes, tenías una carita que...no me lo he comido todo, bueno, en realidad sí, casi todo. Puedes comer lo que sea, porque tienes que comer y...
- ¡Tom! - exclamé - Calla, me estás poniendo nerviosa. Me ha quedado claro que tenías hambre y no querías despertarme, tranquilo.
Ambos reímos y bebí de su zumo de naranja mientras él me miraba indignado.
Momentos como ese solían ocurrir desde que nos conocimos, pero para mí significaban algo distinto aquel día. Era como si la conexión que teníamos se hubiera agrandado y nada pudiera romperla.
- ¿Cómo has dormido? - me preguntó.
- Bien, sin mi pijama, pero bien.
- Yo como soy un chico listo pues me lo puse antes...
Le saqué la lengua y siguió desayunando como si fuera el último día de su vida.
Dejando de lado mis problemas con la comida, nunca pude entender a ese tipo de personas que come y come sin cansarse. ¿Acaso no tenían ese límite que no te deja continuar? ¿O la voz que te suplica que pares? Era increíble.
- Y bueno, hoy nos vamos...
- Sí, y he hecho cambio de planes. Se supone que hoy nos tiraríamos en la cama a ver pelis y esas cosas, pero después de lo de anoche... - noté cómo se ponía nervioso - ¿Qué te parece si pasamos el día por la zona de la Torre Eiffel? Ya sabes, podemos hacer un picnic y eso...
- Me encanta la idea.
Cuando terminamos de desayunar, subimos a por las cosas necesarias y en dos minutos ya estábamos listos para nuestro último día en esa preciosa ciudad.
- Cassie. - me llamó Tom antes de salir.
- ¿Sí?
No respondió, agarró mi cintura con sus manos y me besó lentamente.
Aquello me pilló por sorpresa, no me esperaba un beso, y mucho menos en medio del hotel donde todo el mundo podía vernos. Aunque lo cierto es que no me importó lo más mínimo y le correspondí con otro beso más intenso.
Coloqué mis brazos alrededor de su cuello mientras Tom me acercaba un poco más hacia él.
Pensé en lo perfecto que estaba siendo ese momento cuando un gran ruido se escuchó detrás de nosotros. Y en el momento en el que me giré y vi su cara, deseé que la tierra me tragara.
- Vo-vo-vosotros...
- Mierda... - susurró Tom llevándose las manos a la cabeza.
- Dougie, no...
- Si vas a decir no es lo que parece, déjalo. - respondió - Me alegro por vosotros.
Sin pronunciar ni una palabra más, cogió sus maletas (las cuales habían hecho ese ruido al caer) y se dirigió al mostrador para coger las llaves de su habitación.
Quise ir tras él, explicarle lo que había visto...pero estaba paralizada. Además, ¿qué iba a decirle? No tenía excusa, sabía perfectamente lo que estaba haciendo y no pensé en sus sentimientos, me limité a pensar en mí misma.
- ¿Qu-q-qué hace aquí?
- No lo sé, estoy igual que tú. - contestó Tom - Creo que es mejor cancelar nuestra salida...
- ¿Debo ir a hablar con él?
- Mejor voy yo. Quédate por aquí, sal o...no sé, haz lo que te apetezca. Te llamo cuando hablemos.
Asentí apenada y tras un rápido beso, Tom salió disparado para preguntar cuál era la habitación de Dougie.
Estuve más de quince minutos dando vueltas por el hotel, recorriendo cada lugar mientras esperaba una llamada...pero hubo un momento en el que no pude más.
Subí a nuestra habitación, cerré el pestillo para asegurarme de que nadie entrara y me derrumbé.
Quizá no había hecho nada malo, cada uno tiene derecho a querer a quien quiera, pero algo dentro de mí me decía que estaba fallándome a mí misma.
Sin parar de llorar, decidí hacerle caso a Tom: "haz lo que te apetezca".
En ese momento sólo pasó una cosa por mi cabeza; era lo que me apetecía, lo que necesitaba. Después de tanto tiempo, iba a recaer...
PD: NO va a vomitar ni nada de eso. ¿Por qué os lo digo? Porque a lo mejor os dejo con un poco de tensión. xDDDDDDDD
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